Pensamiento clave: “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.” (Josué 1:9, RVR1960)
Algunas personas piensan que los triunfos en la vida dependen del azar o de la suerte. Sin embargo, el esfuerzo y la valentía tienen un gran impacto en el logro de nuestros sueños y metas.
La diferencia entre quienes alcanzan lo que desean y quienes no, muchas veces radica en el nivel de esfuerzo y valentía que cada uno está dispuesto a poner en el camino. Es verdad que, para algunas personas, ciertas condiciones hacen que el camino sea más fácil. No obstante, el empeño con el que avanzamos hacia nuestras metas puede marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso.
Esforzarse implica dar pequeños pasos. Algunos estarán directamente relacionados con nuestra meta; otros, quizás no lo parezcan, pero igualmente forman parte del proceso. Tenemos la opción de quedarnos atascados en lo que pudo haber sido, lamentándonos por no tener los mismos logros que otros, permitiendo que la tristeza o la frustración se apoderen de nuestra vida. O bien, podemos decidir levantarnos, luchar, esmerarnos y trabajar por aquello que anhelamos.
Te comparto algunos ejemplos:
Imagina que deseas viajar a un lugar especial. Para lograrlo, probablemente deberás investigar los costos y hacer un plan de ahorro. Tal vez necesites tramitar una visa, pedir permiso en tu trabajo u organizar tu agenda si trabajas por cuenta propia. Es clave hacer un listado de esos pequeños pasos que necesitas dar para alcanzar tu gran meta, y luego avanzar, día a día, con constancia y decisión.
Otro ejemplo: deseas lograr más armonía en tu hogar. Tal vez veas esto como algo difícil, porque no todo depende de ti. Pero puedes empezar por esforzarte en hacer tu parte. Alcanzar esta meta implicará mucho esfuerzo, tal vez sea necesario que tomes sesiones de asesoría personal o psicológica; incluso, que como familia asistan a consejería. Es fácil señalar los errores de otros, pero suele ser más difícil reconocer los propios. Lograr esta meta podría implicar ajustar algunos hábitos, cambiar la forma en que te expresas, aprender a comunicarte con mayor asertividad o tomarte un tiempo para gestionar tus emociones antes de abordar temas delicados. En otras palabras, deberás adquirir herramientas, conocimientos y tomar pequeñas decisiones cotidianas que te encaminen hacia tu propósito.
Los grandes cambios no suelen ocurrir de la noche a la mañana, pero si perseveras, si cada día das pasos pequeños —pero constantes—, comenzarás a ver el fruto de tu esfuerzo.
Especialmente cuando hablamos de temas familiares, puede suceder que algunas realidades no cambien… pero tú sí puedes cambiar. Aun si no logras exactamente lo que anhelabas, el proceso mismo te transformará y te dará nuevas perspectivas para tu vida. Lo cierto es que vale la pena intentarlo y luchar.
El esfuerzo debe ir de la mano con la valentía, porque en el camino surgirán obstáculos, frustraciones y deseos de renunciar. “Esfuérzate y sé valiente” es la consigna. Y muchas veces, esa consigna marca la diferencia entre quienes alcanzan sus metas y quienes se quedan en el intento.
Alguien no estará de acuerdo con tus decisiones. Puede que incomodes a algunas personas. Tal vez ocurran cosas fuera de tu control que retrasen tus planes. Pero es en esas circunstancias donde la valentía cobra mayor valor. No te rindas, sigue luchando, enfrenta tus temores. Si caes, levántate, pero no abandones tu propósito.
Para cerrar, quiero recordarte algo fundamental: pedir la dirección divina para nuestros planes, construir nuestros sueños bajo la guía de Dios y permitir los ajustes que vienen de lo Alto nos ayuda a evitar errores prevenibles y a tener una perspectiva más clara del éxito.
No lo olvides: el mismo que dijo “Esfuérzate y sé valiente”, también dijo:
“Yo estaré contigo en dondequiera que vayas.”
Jhon Gómez, 22 julio de 2025.
