Pensamiento clave: «La adicción no es una enfermedad, sino una forma de afrontar el dolor emocional» (Peele, 1985).

Habiendo conversado acerca de la adicción como una enfermedad, enfoquémonos ahora en comprenderla como una forma de afrontar el dolor emocional.

Nuestro cuerpo busca y encuentra formas para sobrevivir, maneras de seguir funcionando a pesar de las circunstancias que esté enfrentando. Por ejemplo, si no recibimos alimento durante un tiempo, el cuerpo comienza a utilizar la grasa acumulada como fuente de energía, a través del proceso conocido como lipólisis. De forma similar puede ocurrir con nuestra vida emocional.

Contar con una familia que nos brinde afecto en la infancia puede ayudarnos a formar un sistema emocional saludable. Sin embargo, ante la carencia de esto, buscamos formas alternativas para seguir adelante. Formas de funcionar que, aunque no sean saludables ni adecuadas, permiten continuar. Por ejemplo, intentar compensar esa carencia con otras personas, exponiéndonos a relaciones abusivas o con una alta dependencia emocional.

Si dejamos de lado los prejuicios, quizá podamos ver que para muchas personas la adicción se ha convertido en el recurso que les permite sobrevivir. Según los testimonios de personas en tratamiento por adicciones, la sustancia o el comportamiento adictivo les ayudaba a olvidarse por un momento de sus problemas actuales o de situaciones dolorosas de la infancia, la adolescencia u otras etapas de la vida.

R3 con logo

Entendemos, por supuesto, que este efecto es temporal, y en muchos casos, lejos de aliviar el dolor emocional, lo acentúa o lo profundiza aún más. Podríamos decir: el comportamiento adictivo permite a algunas personas sobrevivir, pero no vivir. “Ayuda” a olvidar los problemas por unos instantes, pero no los soluciona de raíz. Es como si durmiéramos nuestros problemas, aunque en el fondo sabemos que siguen ahí, activos y creciendo en silencio. En otras palabras, es una forma de engañarnos.
Por esta razón, en el abordaje de las adicciones, la terapia o asesoría personal y familiar se convierte en un componente vital. Seguramente necesitaremos enfocarnos en sanar las heridas emocionales del pasado. Esto puede ser doloroso, pero vale la pena. ¿Has intentado tocar una herida infectada? Es incómodo y doloroso, ¿cierto? Lo mismo ocurre con esas situaciones difíciles que hemos cargado por tantos años.
Hablar en terapia sobre nuestros momentos más dolorosos, traer a la memoria episodios que nos marcaron, puede ser como revisar una herida física mal cuidada. Posiblemente esa herida no dejará de doler hasta que la sanemos desde la raíz. Vale la pena sanar.
Desde otro punto de vista, la terapia o asesoría también nos permite adquirir herramientas y estrategias para enfrentar los momentos difíciles, mostrándonos que existen formas saludables de abordar nuestros temores, problemas y circunstancias, sin los efectos negativos y destructivos que produce la adicción.
Tal vez pienses que, si no hubieras tenido tantos problemas, no habrías buscado consuelo en una sustancia o en un comportamiento adictivo. Pero debemos reconocer que, en el mundo actual, muchos de esos problemas nos acompañarán buena parte de la vida. Por eso, encontrar nuevas formas saludables de enfrentarlos es el verdadero camino.
Recuerda que estamos aquí para apoyarte.
Bendiciones.

Jhon J. Gómez M. (01 de agosto de 2025)

Deja un comentario

Todos los campos marcados con un asterisco (*) son obligatorios

X